"Detrás del nombre de Aldo Rosso hay un hogar vacío y una familia que cuenta cada segundo con angustia. A sus 70 años, Aldo no debería estar en una celda, sino rodeado de sus seres queridos, recibiendo el cuidado y el respeto que su edad y su salud exigen. Mantener a un hombre enfermo privado de libertad es un acto que desafía toda lógica humana. ¡Ya es hora de que regrese a casa, exigimos su libertad inmediata!"


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