En los años 50, el psiquiatra Humphry Osmond acuñó el término "Psicodélico". Del griego psyche (alma/mente) y delos (manifestar). Manifestar la mente.
Es decir, dejar que lo que ya está ahí dentro (tus miedos, tus nudos, tu luz) salga a la superficie para que pueda ser procesado. Los funguis psilocibes no te inventan nada, solo te lo muestran sin filtros; es un viaje al fondo de ti mismx. Es quitarle el velo a la mente para que, por fin, se deje ver tal cual es, con sus luces y sus sótanos.
Hay un término más antiguo y profundo: Enteógeno “que tiene a Dios dentro de uno". Los funguis, también conocidos como "niños santos" vienen a despertar la sabiduría que ya habita en tus células.
Lo que hacen es reparar los puentes. A través de la neurogénesis, el hongo ayuda a que tu cerebro genere nuevas conexiones, nuevas neuronas, nuevas formas de entender tu historia. Es medicina porque conecta lo que el trauma o el estrés dejaron roto. Y lo hace de forma literal, física y tangible.
Ahora, ojo: Sin un propósito claro y sin alguien que sostenga el espacio, incluso el enteógeno más sagrado se queda en ruido. La diferencia real entre un "viaje" y una sanación es el trabajo de integración.
Porque si solo vas, miras y vuelves sin cambiar nada en tu día a día, solo has tenido un viaje lleno de "ponis cósmicos".
Has alimentado a tu Ego Espiritual creyendo que estás haciendo un trabajo profundo, cuando en realidad solo estás en un bypass espiritual: usando lo sagrado para evitar mirar tu realidad más humana.
Sabiendo todo esto, podemos afirmar que no, no es una droga. Es una medicina.
Durante décadas, metimos todo en el mismo saco. La palabra "droga" habla de evasión, de anestesia, de disociación. De querer no estar. De no acordarte de nada al día siguiente, porque te pasaste con una copa de más.
Igualmente no queremos con-vencerte de nada porque le hablamos directamente a los que están preparadxs para no "desconectar". Estamos aquí para ver qué hay debajo de tanto ruido, para estar más presentes que nunca.
¿Cómo decides llamarlo hoy? Llamarlo "droga" no es una postura, es un síntoma de desconocimiento. Al cambiar el nombre, cambias la experiencia. Si lo llamas medicina, te preparas para curar. Si lo llamas sagrado, entras con humildad.
Es curioso cómo nos sentimos con el derecho de juzgar milenios de sabiduría y años de vanguardia científica desde la comodidad de un prejuicio.
Reducir la psilocibina a una "droga" es, como poco, perezoso. Es ignorar que la neurociencia está redescubriendo cómo esta medicina… repara.
Bienvenidos a la ceremonia 🍄✨
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