Pegada
· 7w
(Continúa)
Benedicto XVI calificaba esa idea como «ingenua y miope»: la injusticia no tiene raíces exclusivamente externas; tiene su origen en el corazón humano, y si solo se pretende lograr la ...
(Continúa)
Por tanto, tiene sentido que, junto a poner los medios externos para erradicar o al menos disminuir las injusticias, sea imprescindible ocuparse también de poner remedio al corazón humano. En esa tarea la religión puede dar una contribución a la sociedad para la solución del problema de la injusticia porque ayuda a sanar los corazones; y por eso se puede justificar plenamente la presencia razonable de la religión en la vida pública, porque toca una dimensión del esfuerzo por lograr la justicia a la que no llega el Estado, ni los políticos, ni las leyes. Excluir totalmente la religión de la vida pública -de la educación, del debate social y político, de la economía, etc.- es un error garrafal si lo que se quiere es lograr de raíz la justicia en la sociedad.